Por qué los mejores líderes son los que no lo saben todo

No hay nada malo en querer ser el mejor en el trabajo. Del mismo modo que nadie podrá hacerle ningún reproche a alguien que se esfuerce por ser el mejor padre, la mejor madre, el mejor cocinero amateur, la mejor pianista a puerta cerrada, el mejor jugador de…

No hay nada malo en querer ser el mejor en el trabajo. Del mismo modo que nadie podrá hacerle ningún reproche a alguien que se esfuerce por ser el mejor padre, la mejor madre, el mejor cocinero amateur, la mejor pianista a puerta cerrada, el mejor jugador de tenis, la mejor corredora de maratones… Ser exigentes con nosotros mismos y tener un cierto punto competitivo nos enriquece, es sano y nos ayuda a crecer tanto personal como profesionalmente. 
Hay muchas cosas buenas que se desprenden de la auto exigencia, pero nunca hay que dejar que estas ganas por superarse o ese logro de haberse superado se traduzcan en un sentimiento de que ya no necesitamos nada ni a nadie más, que ya lo hemos conseguido. De hecho, si echamos un vistazo rápido a grandes líderes de la historia –esos que se han constituido como referentes ya sea en deporte, política o cualquier otra disciplina– veremos que no estaban solos sino que se rodearon de otras personas con grandes capacidades y actitudes que servían para suplir sus puntos débiles. Y ello con el objetivo de seguir mejorando.

Los líderes deben animarse a salir de su zona de confort habitual e investigar terrenos inestables.

Recientemente hablábamos de que las empresas no buscan solo jefes para sus organizaciones. Pues bien, esta es, precisamente, una de las características que, a mi modo de ver, debe poseer cualquier manager, CEO o directivo que tenga personas a su cargo: reconocer que solos no pueden, que no tienen el conocimiento absoluto y que será gracias al apoyo de sus equipos que llegarán al éxito. Llegar a esta conclusión implica trabajar nuestro ego y romper con esas directrices que la sociedad nos marca. Y no olvidar nunca, que la perfección no existe, siempre se está persiguiendo.

El primer paso, reconocerlo

Innovaciones en la industria, la entrada abrupta de las nuevas tecnologías, nuevos modelos de negocio, nuevos campos de acción… El mundo laboral es cada vez más complejo y los desafíos a los que se enfrentan los líderes a diario son muy diversos. Es difícil encontrar perfiles profesionales que reúnan experiencia y, a la vez, un conocimiento profundo en todas las áreas. 
Esto, lejos hacer que los líderes desconfíen de sus capacidades o incluso de su rol, debe animarlos a salir de su zona de confort habitual e investigar terrenos inestables con el objetivo de ganar claridad, calma interna y, sobre todo, nuevos aprendizajes para multiplicar el impacto.

El segundo paso, elegir bien al equipo

Una vez hemos detectado aquellas áreas en las que flaqueamos o en las que no tenemos un conocimiento tan profundo, pasar al siguiente nivel implicará encontrar a aquellas personas que sean a la vez un contrapunto y un valor añadido. Buscarás conocimientos distintos, inteligencias variadas, experiencias divergentes e, incluso, personalidades que se reten entre sí. 
Uno de los aspectos más destacados del liderazgo es saber motivar a las personas, lograr que estén entusiasmadas por los proyectos y dispuestas a comprometerse. A todos nos gusta sentirnos útiles de modo que, transmitir a tus emplead@s que forman parte de un equipo que los valora y los necesita por aspectos como su formación, conocimientos, aptitudes y trayectoria específica, es precisamente lo que necesitas para lograrlo.
Además, el hecho de no saberlo todo y necesitar recurrir a terceros para realizar los proyectos del día a día te ayudará a incentivar la escucha activa y la atención en los que te rodean. Si quieres que los objetivos sean compartidos y que se logren de forma colectiva,  deberás tener pequeños gestos con ellos y, sobre todo, estar alineado con los retos, las necesidades y los problemas de cada uno de los miembros de tu equipo.