Las grandes empresas entienden que los pequeños gestos marcan la diferencia

Es frecuente que cada cierto tiempo se publiquen estudios que analizan diferentes aspectos del mundo empresarial. Entre ellos, recuerdo leer un artículo de CNBC que recogía los datos de The Conference Board, una encuesta que preguntaba a más de 800 CEOs  cuáles son los principales retos a…

Es frecuente que cada cierto tiempo se publiquen estudios que analizan diferentes aspectos del mundo empresarial. Entre ellos, recuerdo leer un artículo de CNBC que recogía los datos de The Conference Board, una encuesta que preguntaba a más de 800 CEOs  cuáles son los principales retos a los que se enfrentarían en 2019.

Para mi sorpresa, para la gran mayoría, su principal preocupación interna durante el pasado año tenía que ver con los trabajadores y, más concretamente, con su capacidad para atraer y fidelizar el talento. Y esa preocupación, me temo, se va a mantener a lo largo del 2020.

 

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El por qué lo encontramos en los desafíos que plantea el complicado mercado laboral actual en el que surgen, con relativa frecuencia, nuevas oportunidades de trabajo que incitan a los empleados a hacer un cambio. De hecho, vivimos en un periodo en el que la tasa de personas que cambia de trabajo o lo deja para emprender un proyecto propio es una de las más altas desde 2001 a nivel mundial.

 

Puede que esto sea una cuestión generacional. A los millennial, que ya representan el grueso de la fuerza laboral actual, se les identifica con el concepto de job hopping, y Guy Berger, economista en LinkedIn, lo corrobora: no obstante la mayoría de los miembros de la Generación X cambió, de promedio, 4 veces de trabajo antes de cumplir los 32 años. Por ello, en su momento ya vimos que para determinadas cuestiones laborales, todos somos millennials –aunque no nos corresponda la etiqueta por fecha de nacimiento– y que, por lo tanto, también estamos abiertos a cambiar de trabajo si no nos motiva lo suficiente.

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Es por esto que, volviendo a la preocupación de los CEOs, muchas empresas se esfuerzan por construir y mantener una cultura empresarial sólida a la vez que crean lugares atractivos para trabajar. Las organizaciones que logren tener éxito en este aspecto serán las que cumplan con un requisito clave: conseguir que los empleados se sientan apreciados y valorados. Y es aquí donde entran precisamente los pequeños gestos. Porque sí, los básicos imprescindibles casi todos los tenemos claros, pero son en realidad los pequeños detalles del día a día, los que terminan por calar positiva o negativamente en el emplead@.

 

¿Y cuáles son esos pequeños gestos que dan lugar a grandes empresas? En mi opinión estos son los 4 detalles que todas las organizaciones deberían procurar garantizar:

 

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1. Transparencia

Tradicionalmente, las organizaciones se han mostrado muy reacias a compartir determinada información con sus empleados por miedo a que esta acabara en manos y oídos no deseados, pero en los tiempos actuales, esta opacidad penaliza. Que la información fluya permite no solo que los trabajadores se sientan más comprometidos, también les aporta una visión general que les permitirá proponer cambios y plantear estrategias más innovadoras y alineadas con la organización.

 

2. Fomenta la conciliación

Mejorar la conciliación laboral y personal sigue siendo uno de los grandes retos de muchas empresas. La realidad es que para los empleados el concepto «conciliar» no es tanto marcar un límite de horas entre trabajo y tiempo libre sino contar con una cierta libertad para poder organizar sus jornadas teniendo en cuenta sus responsabilidades laborales y sus necesidades personales. Es decir, no se trata de marcar una hora de salida límite, mejor instaurar un sistema de flexibilidad horaria.

 

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3. Acompáñalos y mide

No permitas que los empleados se sientan aislados ni respecto al resto de compañeros ni con la organización. Si se trata de una incorporación es importante involucrar al nuevo perfil desde el principio, propiciar su contacto con el resto de miembros del equipo y departamentos. Pero el acompañamiento no debe quedarse aquí. Proponer reuniones para que los empleados se expresen y realizar un seguimiento de su estado nos ayudará a detectar posibles casos de desgaste o fallas en el compromiso y así prevenir una posible salida. Si no te has planteado todavía un proyecto de People Analytics, ¡no tienes tiempo que perder!

 

4. En el equilibrio está la virtud

Aplicado especialmente a dos conceptos: el feedback y la organización de tareas. Empezando por esto último, los empleados valorarán que el volumen de trabajo esté distribuido de forma más o menos equitativa tanto entre los miembros del equipo como en el tiempo.

En cuanto al feedback, se trata de transmitir a cada empleado que ha hecho bien y en qué aspectos debe mejorar. Si, además, este mensaje balanceado se expresa en un tono correcto y acompañado explicaciones y sugerencias, perfecto habremos logrado transmitir feedback positivo. Lo que no puede ocurrir es que algunos siempre reciban críticas –porque terminarán pensando que no hacen nada bien y querrán marcharse a otra compañía– y otros, solo reciban halagos y tengan un libro de felicitaciones, independientemente de la tarea que estén llevando a cabo.