Obviamente, a todos nos gusta trabajar con gente optimista y feliz. Es agradable estar en una oficina en la que, los lunes, se pregunta por cómo ha ido el fin de semana; en la que en los breaks reina el buen ambiente y las carcajadas; y en la que todo el mundo se siente a gusto, participa y contribuye. Pero agradable no siempre implica rentable.
Algunos, todavía se preguntan ¿qué incidencia tiene el bienestar del empleado para la cuenta de resultados de la empresa? Pues según un estudio de la American Psychological Association, las compañías que tienen un buen nivel de engagement por parte de sus empleados tienen hasta un 67% más de éxito que las empresas que no tienen un nivel de engagement adecuado.
Además del éxito, las empresas en las que existe un mayor compromiso empresarial por parte de sus empleados tienen un 62% menos de accidentes laborales, un 27% menos de absentismo, un 51% menos de rotación voluntaria de personal y un 52% menos de pérdida de inventario, según apuntan desde Observatorio de RH.
La correcta gestión emocional del equipo no es pues una tontería que sirve para quedar bien de cara a la galería. Por mi experiencia profesional puedo constatar que cuidar al equipo puede ser la mejor estrategia para aumentar la cuenta de resultados de la empresa.
¿Cómo conseguirlo? Básicamente, siguiendo tres pautas:
1. Cuida tu cuerpo y cuida tu mente.
En todos los equipos de fútbol profesional de primera división hay un nutricionista en el cuadro técnico. Su papel es vigilar que los futbolistas tengan una dieta equilibrada que les permita rendir al máximo durante los partidos. Él se encarga de analizar cada jugador para darle aquellos alimentos que logren potenciar al máximo sus habilidades físicas. En parte, porque está sobradamente demostrado que la dieta incide directamente en el rendimiento fisiológico.
En la empresa, pasa exactamente lo mismo. Si quieres jugar en primera, tienes que tratar a tu equipo como si fueran atletas de primera. La dieta y el bienestar físico son un primer paso para maximizar su rendimiento. A priori, una mala dieta conlleva una bajada en el rendimiento laboral del 20%, según apuntan desde International Labour Organization.
Además de una correcta nutrición, la actividad física es también fundamental para mejorar la productividad en la empresa. Un estudio realizado por la Leeds Metropolitan University analizó el comportamiento y el estado anímico de 200 trabajadores. El resultado demostró que aquellos empleados que realizaban actividad física diaria estaban más predispuestos a presentar buenos resultados en la empresa.
En concreto, el 60% de los empleados que habían realizado actividad física durante la jornada laboral (desde una clase de yoga hasta un entreno en el gimnasio) aseguró que sus habilidades laborales, tales como la productividad o la capacidad para hacer frente a deadlines, habían mejorado notablemente.
2. Rodéate de gente complementaria y eficiente.
¿Alguna vez has desmontado un reloj? Si lo has hecho, te habrás dado cuenta de que, por dentro, está formado por un mecanismo con cientos de piezas que, por separado, resultan completamente incomprensibles. Muelles, tuercas, tornillos… ¿Cómo es posible que todas juntas consigan dar la hora? Por la complementariedad.
En un equipo humano, no hay miembros perfectos capaces de valerse, únicamente, de sí mismos para desarrollar su trabajo. Y, por supuesto tampoco, los líderes. Cada uno tiene habilidades diferentes que lo llevan a brillar en diferentes campos. Hay personas muy planificadoras que son excelentes a la hora de organizar. Otras, en cambio, son más ejecutoras y resolutivas y son ideales para realizar las tareas pautadas.
Pero, ¿qué pasaría si todos los trabajadores fueran muy planificadores y ordenados? Posiblemente, el proyecto se retrasaría muchísimo ya que se estaría evaluando, constantemente, todas las posibilidades y no habría nadie capaz de ejecutar los planes. Sería algo así como un reloj hecho sólo de manecillas. El equipo ideal es aquel en el que todos sus miembros consiguen asimilar y coordinar sus respectivas habilidades y aceptarse mutuamente a la hora de desarrollar el proyecto.
En la década de los 70, el Dr. Belbin identificó los nueve tipos de roles profesionales que hay en un equipo de trabajo (cerebro, investigador, coordinador, impulsor, evaluador, cohesionador, implementador, finalizador y especialista). Según aducía el propio Belbin, la clave para lograr un equipo productivo está en la complementariedad de sus miembros. La correcta gestión emocional permite crear equipos de trabajo complementarios que, gracias a su buena coordinación, rentabilizan al máximo su tiempo y los recursos de la empresa.
3. Buen Feeling.
Rendimos más y mejor en aquellos espacios en los que nos sentimos más a gusto. El objetivo del líder es potenciar un entorno de trabajo en el que impere el buen feeling, la motivación y el desarrollo personal. La filosofía AlwaysPeopleFirst promueve, precisamente, esto. Un ambiente laboral en el que las personas son siempre la prioridad.
Y, aunque parezca contradictorio, la exigencia es el camino más corto para llegar al corazón del empleado. En mi equipo tenemos muy claro dónde queremos estar y cómo queremos llegar. Y somos conscientes de que, en el camino, deberemos realizar conjuntamente sacrificios y esforzarnos. Habrán días de sol donde todo salga bien y días de lluvia donde todo salga mal.
Como líder, mi obligación es encargarme, personalmente, de que en ese camino, sientan la exigencia y también sientan que siempre estaré con ellos cuando me necesiten a nivel profesional y también personal.