Ocho errores que hacen que los mejores trabajadores dejen su puesto

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Ocho errores que hacen que los mejores trabajadores dejen su puesto

Atraer talento a tu empresa no es una tarea sencilla, pero ¿qué pasa cuando una vez hemos reclutado a un perfil cualificado que encaja con las necesidades de nuestra compañía, al poco tiempo, decide irse? Este, es un problema que se da con una frecuencia mayor cada día.

Los procesos de selección son complicados y encontrar a los mejores trabajadores, esos que reúnen los 3 rasgos del candidato ideal, requiere tiempo y dinero. Pero pongamos que hemos superado este trance con éxito y que conseguimos construir un equipo de empleados estrella en el que confiamos para llevar a cabo las metas de la compañía. Es una situación soñada.

Sin embargo, llega un día que uno de estos trabajadores nos comunica que abandona, que deja el puesto y se va a otra empresa. A los pocos meses, la historia se repite, otro de esos ases decide bajarse del barco y, lo peor, no van a ser los únicos.

Aunque pueda sonar a ficción, esta huida de buenos trabajadores es una realidad común en muchas empresas de hecho, Michael E. Kibler hizo referencia al fenómeno en su estudio Evita que tus mejores profesionales pierdan la pasión por su trabajo. Michael habla de la «Caída de tensión» que se instala de forma silenciosa en las organizaciones hasta provocar la salida de los mejores trabajadores.

A lo largo de mi carrera profesional, he podido observar qué ciertas dinámicas y actitudes influyen negativamente en la permanencia de los equipos y afectan directamente a la cuenta de resultados de las empresas.

 

¿Por qué se van?

Hacerte esta pregunta es el primer paso para tomar el control y encontrar soluciones a la situación. Si partes de esta cuestión es fundamental que mires hacia dentro y revises tus acciones y formas de actuar. Y es que, en la mayoría de ocasiones, la pérdida de interés de los empleados más preparados tiene que ver con la gestión de los líderes.

Evitar estas 8 dinámicas te ayudará a mantener a los mejores trabajadores en tus filas:

 

  1. Tratar a todos los trabajadores por igual. Si todos somos distintos entre nosotros ¿por qué deberíamos actuar con todo el mundo por igual? ¿No es esa, precisamente, una forma de desigualdad? Si aplicamos las mismas bonificaciones, los mismos sueldos y los mismos reconocimientos a todos por igual e independientemente de los resultados y del esfuerzo estaremos desfavoreciendo a nuestros trabajadores estrella y provocando que pierdan la motivación.

 

  1. No reconocer los logros. Tan malo es repartir recompensas a diestro y siniestro como no hacerlo bajo ningún concepto. No se trata de regalar alabanzas de a tu equipo de forma indiscriminada, pero sí se deben recompensar y reconocer públicamente los logros de aquellos empleados que se esfuerzan y trabajan intensamente. Es lo más justo y además demostrarás que les prestas atención.

 

  1. Imponer demasiadas normas. Que el día a día en una compañía debe estar reglado es algo en lo que todos coincidimos, pero en el equilibrio está la virtud. Que exista una norma para cada mínimo detalle es en muchas ocasiones innecesario y además contraproducente ya que, si tus trabajadores no se sienten libres, su grado de implicación será menor al encontrarse limitada su capacidad de decisión.

 

  1. Olvidarse de las personas. Lo hemos hablado, los buenos jefes son CoCo’s, es decir, ganarse el título de jefe ejemplar no es solo cuestión de currículum, la inteligencia emocional también influye. Celebra los éxitos de tu equipo, muestra empatía por sus situaciones personales y ponles retos. Si te preocupas por ellos, lo agradecerán y les será más difícil tomar la decisión de abandonar.

 

  1. Sobrecargar a tus empleados. No hay buen empleado que no quiera trabajar. Por eso, la mayoría no suele quejarse cuando su cantidad diaria de trabajo se va multiplicando. Sin embargo, si este aumento en la carga de trabajo exageradamente desproporcionado y, además, no va acompañado de mejoras en el sueldo o en el rol dentro de la organización, el resultado será que ese empleado “asfixiado” termine buscando otro puesto de trabajo.

 

  1. Limitar el crecimiento de los empleados. Lo hemos visto con el exceso de normas. Cuánto más rígida sea una empresa más probabilidades tendrá de que los mejores talentos no quieran trabajar durante mucho tiempo en ella. Tener trabajadores cualificados es sinónimo de contar con mentes despiertas y rápidas que buscan la forma de mejorar aquello en lo que participan. Si no somos capaces de poner los medios para el crecimiento profesional de las personas dentro de la organización, éstas sentirán que “han tocado techo” y empezarán a buscar una alternativa.

 

  1. Hacer falsas promesas. Como jefe, hay que dar ejemplo de modo que sí te has comprometido a algo y luego no eres capaz de cumplirlo, estás transmitiendo un doble mensaje muy claro a tus trabajadores: que no pueden confiar en ti y que no hace falta cumplir con sus compromisos adquiridos.

 

  1. No compartir información. Tu equipo es un elemento más dentro de una estrategia empresarial global, y sus metas y responsabilidades deberían estar alienados con los objetivos generales de la compañía, pero ¿ellos son conscientes?, ¿saben cuál es su papel?, ¿qué importancia juegan? Hacer partícipe al equipo más allá de asignarle tareas y funciones ayudará a que se sientan motivados y vinculados a la organización.
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